Cristina Garmendia: “Cambio, conocimiento y valor, tres ingredientes imprescindibles para la innovación”

22 DE Enero DE 2018 | Campus Los Peñascales (Torrelodones)

Cristina Garmendia: “Cambio, conocimiento y valor, tres ingredientes imprescindibles para la innovación”

La presidenta de COTEC, Cristina Garmendia, durante su intervención en el Campus Los Peñascales. / Carlos Gutiérrez.

  • Jornadas “Cómo avanzar a través de la innovación”

En opinión de la presidenta de Cotec, Cristina Garmendia, para analizar bien los procesos de innovación es imprescindible saber si han generado valor. Desde la Fundación que pilota, asegura, solo se estudian los cambios con conocimiento que generan valor, “ninguna de las otras casuísticas están en nuestro eje”.

A continuación, transcribimos un resumen de la conferencia que la presidenta de Cotec pronunció en las jornadas sobre Innovación celebradas en el Campus de los Peñascales, el pasado 22 de enero.

Quiero agradecer a la presidenta de SEPI haberme dado la oportunidad de estar hoy aquí con todos vosotros, delante de tantas autoridades y de personas tan relevantes. Lo comentábamos en COTEC cuando estábamos explorando que posiblemente ésta sea una de estas intervenciones que tengan mayor potencial transformador, precisamente por las personas que están en la sala. Para mí es una responsabilidad y un honor estar aquí compartiendo estas reflexiones esta mañana. 

Para nosotros trabajar con el Grupo SEPI ahora, tras su entrada en el Patronato de COTEC, es un privilegio, presidenta. SEPI simboliza ese gran conglomerado empresarial de nuestras empresas, y hay que decir bien nuestras empresas, porque somos los ciudadanos en última instancia los accionistas de estas empresas del Grupo SEPI en la parte pública que corresponde. Ese conglomerado de saber empresarial y, a la vez, de servicio público, de vocación de servicio público, con el enorme talento que hay dentro de las empresas del Grupo SEPI. Sobre todo, yo destacaría esa aptitud que hace falta ahora para avanzar en el mundo de la innovación y ese talento, lo debatimos la presidenta y yo muchas veces, ese talento y esas ganas de construir los mimbres de cómo transitar desde el presente hacia el futuro, con solidez y con sostenibilidad. Desde luego, debatiremos sobre algunos de los retos que nos ha dejado el ministro, cómo construir esa cuenta de resultados donde, evidentemente, la inversión en I+D, yo creo que todos los que estamos aquí reunidos estamos convencidos, es uno de los ejes fundamentales. 

Como podéis suponer los que me conocéis mejor, todos consideramos que la innovación es la mejor herramienta para construir este futuro. Nosotros decimos que tecnología es innovación, pero innovación no es sólo tecnología; Y es importante que entendamos: ¿Cómo entender el término innovación? El término innovación hay que entenderlo de una manera muchísimo más amplia. Cuando hablamos de cambios, los cambios no sólo son tecnológicos; cuando hablamos de conocimiento, el cambio basado en el conocimiento, el conocimiento no es sólo científico, y cuando hablamos de generar valor, el valor no es sólo económico. Ahora nadie discute, ni siquiera ninguna de las empresas, que el objetivo es generar valor social, y que generando valor social es como se genera el sostenimiento de la cuenta de resultados. Por tanto, todo cambio basado en el conocimiento que genera valor con esta visión ampliada nos lleva a pensar que innovación es, sobre todo, una cuestión de actitud, una cuestión de actitud que todos podemos practicar; ¿qué es lo que nos hace falta? Nos hace falta incentivos adecuados para querer practicarlo, y lo que hace falta es sistemática. Si hay algo que no es innovación es improvisación; la innovación tiene mucho, mucho de sistemática, y hay que distinguir entre qué es innovación y qué no es innovación. 

Las máximas de la innovación son cambio, conocimiento y valor

Para que se dé innovación hace falta que se cumplan tres campos: cambio, conocimiento y valor. Ésas son las máximas de la innovación. Y permitidme que haga algunas diferencias, donde algunos nos sentiremos identificados, sobre todo los que hemos pasado por la política. Por muy profunda que sea la reflexión que estamos haciendo cuando queremos introducir cambios, y esto en política es algo que cuando uno asume esas responsabilidades intenta cambiar para mejorar y hacemos análisis muy profundos, pero si no se genera valor no podemos decir que sea innovación; lo que decimos es que es una ocurrencia. Hay cambio, queremos que haya cambio, hemos utilizado el conocimiento, pero no hemos generado valor; entonces, es una ocurrencia, que seguramente cuando lo intentamos en política esto se solucionaría con la rendición de cuentas: ¿Hemos generado valor? ¿Qué valor hemos generado? Vamos a rendir cuentas del valor que hemos generado con este cambio que hemos introducido. Y si no hay valor no hay innovación, no se ha conseguido producir valor. 

Otra casuística tiene que ver con que haya cambio, que haya valor, pero que realmente no ha habido un conocimiento; o sea, se ha producido un cambio, se ha generado un valor, pero no está basado en el conocimiento. ¿Esto qué es? Esto es, como dicen los anglosajones, una serendipia, serendipity; aquí diríamos en versión más castiza, pues de chiripa; que no es despreciable, porque es verdad que ha habido muchos cambios que han generado valor de casualidad, y están ahí, y hay buenos testimonios  a lo largo de la Historia, incluso de I+D. 

Por último, está esa parte importante también, donde hay mucho conocimiento, donde se genera valor que no necesariamente tiene que ver con los cambios, y tiene un gran valor. Es el valor de las tradiciones, tan presentes en el mundo empresarial, en las empresas familiares, que son parte del crecimiento, que tiene que ver con el conocimiento, que van evolucionando pero que realmente no tiene que ver con un cambio, no se produce con un cambio, y también son importantes. Nosotros en COTEC nos dedicamos solamente a estudiar los cambios con conocimiento y que generan valor. Ningunas de las otras casuísticas están en nuestro eje. 

Cuando nos invitan a participar en algunas jornadas como ésta, siempre intentan que hagamos alguna cierta predicción de lo que nos va a pasar, desde el presente hacia el futuro, y yo como el Ministro, intentamos no vaticinar el futuro, porque nos equivocamos siempre; que para eso están los expertos, expertos que son los que están absolutamente legitimados para, en su parcela, poder predecir ciertos cambios. Desde luego, el mayor riesgo que asumimos si predecimos el futuro es que no llegue o que nos sobrepase, o que nos deje en el más absoluto de los ridículos; no hay más que hacer un poquito de historia, de las predicciones de hace una década, y ver lo que nos está pasando, en todos los estamentos. Para ello, nos gusta utilizar un símil de película, que le llamamos el síndrome de Blade Runner o de las predicciones fallidas; y hay tres tipos de predicciones que simboliza muy bien la película Blade Runner –una película que proyecta el futuro a 2019. En 1982, el guionista Ridley Scott hace una predicción del futuro a 2019; estamos ahora a un año de lo que predecía la película, y nos gusta el símil. En primer lugar están las predicciones que nunca llegan a pasar; en la película vaticinaban coches voladores, armas láser…, éstas son predicciones tecnológicas que nunca han llegado a pasar; luego hay un segundo tipo de predicciones que son las que acaban llegando, pero no a la velocidad que estaba previsto; por ejemplo, la película proyectaba una serie de replicantes –una especie de humanoides –, iba a ser posible generar humanoides en 2019 que estarían al servicio de la Sociedad. Seres humanos no es posible generar, pero si hay un campo que ha emergido muchísimo y que tiene un gran potencial, es la ingeniería de generación de tejidos; y es verdad que ya hay parte de las funciones, como función cardíaca, función muscular, que se es capaz de generar en el laboratorio; sí que es verdad que han llegado, pero con retraso. 

El tercer tipo de predicciones son las que más nos interesan y donde, de verdad, tenemos que volcar todo nuestro esfuerzo porque es donde aparecen las grandes oportunidades: es lo que ya estaba en ese momento pero que no se supo ver que tenía el potencial de transformación. En ese momento lo que se preveía eran ordenadores con unos códigos verdes, de rayas; se predecía y, sin embargo, en 1981 Xerox ya tenía esa interfaz gráfica de usuario, con carpetas, con ventanas… ya existía la tecnología, y no se supo ver que era la que iba a predominar. También se predecían [en la película] unas cabinas que funcionarían con vídeo llamadas, con monedas y vídeo llamadas, en las que nos íbamos a poder ver; sin embargo, en ese momento la empresa japonesa NTT ya había desplegado su primera red de telefonía móvil y no se supo ver que esa era la tecnología que iba a cambiar nuestras vidas, se pensaba en las cabinas; y si nosotros tenemos que pensar que esto es una película, y esto ¿cómo nos atañe en nuestro día a día? 

Si veis a esta persona, seguramente la mayoría de vosotros no tenéis ni idea de quién es, ¿verdad? Hasta hace tres años yo tampoco le conocía. Bueno, pues éste es Francis Mojica, que posiblemente trabaje en Alicante, que posiblemente es uno de los futuros Premio Nobel que tenemos en España.  ¿Por qué es famoso Francis Mojica y por qué puede llegar a ser tan famoso? Pues porque hace nada más y nada menos que veinte años estudió en Alicante el potencial del sistema inmune que tienen las bacterias para protegerse de los virus. ¡Hace veinte años! Cuando yo estaba en el Gobierno, una de nuestras obsesiones era poder cuantificar quién podía ser el futuro Premio Nobel español y dónde estaba. Os aseguro que no estaba en las quinielas; es más, me atrevería a decir que creo que en esa etapa hasta le denegamos un proyecto del Plan Nacional. No sabíamos quién era. Ha hecho falta que dos investigadoras, una estadounidense y otra francesa, Doudna y Charpentier, basadas en su tecnología, hayan generado una tecnología de edición genética que va a transformar todo; va a transformar la medicina, va a transformar la agricultura, va a transformar la energía. Esto es lo que Francis Mojica descubrió hace veinte años; estaba ahí, pero a nadie se le había ocurrido que podía servir para otra cosa que para lo que estaba previsto. Y este es el mensaje que queremos lanzar: que muchas veces parece que el futuro tiene que llegar, pero es que ya ha llegado, está aquí y simplemente tenemos que conectar los saberes, los conocimientos de una manera distinta. Y no solamente pasa en las películas, pasa en el ámbito científico; cuántos fenómenos de las predicciones que se han hecho en todo los planos no se han sabido ver. 

Es importante conducir el tránsito del presente al futuro

Desde COTEC estamos trabajando en las perspectivas financieras de la Comisión Europea y todo esto nadie lo supo ver. Todo el mundo había hecho una predicción; yo estaba en el Gobierno cuando trabajamos en estas perspectivas financieras 2014-2020, nadie hablaba de economía colaborativa, de Corea del Norte, del efecto Trump, de China como gran potencia en I+D y lo que va a suponer esto, la postverdad, del Brexit; nadie supo ver esto, y esto es precisamente lo que está cambiando el paso de todo, lo que está cambiando todas las estrategias políticas y empresariales. Y no lo supimos ver. ¿Estaba todo esto previsto en algún informe? Pues posiblemente sí. Yo creo que habría que hacer una moratoria de informes y leernos a fondo aquellos muy buenos que se producen. Porque, yo creo que nunca hemos tenido tanta información, tantos informes, y sin embargo no somos capaces de predecir el futuro, el futuro nos sobrepasa; sobrevienen unos cambios que seguro que estaban previstos en algún informe. Creo que hay que entender muy bien algunos informes que son en verdad extraordinarios y no se les da la importancia que tienen. En definitiva, no sabemos cuáles van a ser las innovaciones que van a cambiar nuestra vida, pero creo que sí hay grandes transiciones, hay transiciones a gran escala que es posible observar para entender y para luego intentar conducir este futuro, este tránsito del presente al futuro, porque desde luego, lo que es importante es querer conducir el tránsito del presente al futuro. Entre estas muchas transiciones, hay cuatro en las que hemos puesto el foco en los últimos años: la primera es la transición de la economía analógica a la digital – hablaré brevemente de estas tres primeras para centrarme en la cuarta; la segunda es la transición de un modelo de producción lineal a uno circular; la tercera es el modelo de financiación, inversión de tangibles a intangibles, y aquí veremos que la I+D es algo importantísimo.

Lo importante de las tres primeras, a diferencia de la cuarta, es que tenemos una utopía. Podemos imaginar cómo es un mundo cien por cien digital, podemos imaginar cómo es un mundo cien por cien circular, podemos imaginar cómo es un mundo preeminentemente basado en lo intangible, pero con la cuarta transición tendremos más problemas porque no tenemos esa utopía, no nos podemos imaginar cómo es. Si hablamos de la primera, de la transición digital, la ventaja que tenemos en COTEC es que  tenemos un nivel de patronos espectacular y solamente nos hace falta colaborar con algunos de ellos para poder destacar algunos informes muy interesantes; en esta ocasión lo hemos hecho con Mckinsey; lo que hemos pedido a Mckinsey es que su metodología internacional la traiga a España, porque no es tan importante si la décima es uno punto ocho o uno punto cinco, de hecho ellos mismos lo dicen, lo importante es el orden de magnitud y que sea comparable a nivel internacional, lo que realmente importa es que toda la metodología que ellos implementan se pueda comparar a nivel internacional entre todos los países. Y la conclusión es ésta: España está tan solo utilizando el 13, 5 de su potencial digital. Y esto, en lo que la Administración General del Estado, como ha dicho la presidenta y como ha dicho el ministro, ha hecho un gran esfuerzo, es uno de los grandes ejes de cambio, pero hay un enorme retraso con las pequeñas y medianas empresas, y también en algunos sectores de actividad económica. La buena noticia es que hay un gran potencial de transitar hacia este modelo, y os podéis imaginar que detrás de este crecimiento, el PIB, los empleos que puede haber también asociado. La transición digital puede tener un impacto posible de 1,8 punto por ciento de PIB anual hasta 2025. 

La segunda de las macrotendencias analizadas recientemente – que lo hicimos además en COTEC de forma pionera y que es una de las prioridades de la Unión Europea – es cómo transitar de un modelo de producir materias primas, de extraer materias primas, de producir, usar y tirar, un modelo económico lineal que ha dado grandes beneficios económicos, pero que es absolutamente insostenible desde el punto de vista medioambiental. Y esto ya lo estamos viendo. Había escépticos del cambio climático, pero creo que ahora cada vez que sufrimos los incendios, las inundaciones, las temperaturas extremas cada año, cada vez hay más convencidos, y para la Unión Europea es una gran prioridad, y para España es una gran oportunidad. Porque hemos hecho un estudio para saber cómo de circular es nuestra economía. Lo primero que tenemos que saber es cómo medirla y dónde estamos con respecto al resto. Y precisamente por la crisis, las empresas españolas han hecho un gran esfuerzo en materia de optimización de recursos, de uso de materias primas, de eficiencia energética, y la realidad es que estamos entre los países pioneros en economía circular en Europa, y hay una gran progresión de empleo también; simplemente con el tratamiento de residuos, con normativas que tienen que ver con el tratamiento de residuos hay grandes oportunidades de empleo. Lo hemos estudiado con la Cátedra UNESCO de la Universidad Politécnica de Cataluña. 

Otro gran tránsito, y éste es muy interesante, y tenemos enormes dificultades con las normas que existentes en este momento, no solamente en España sino a nivel europeo, es el tránsito de lo tangible a lo intangible. En este momento, el sesenta por ciento de la inversión en Estados Unidos es en intangibles, en activos intangibles. En Europa, en general, la media es al revés, el cuarenta por ciento de inversión en intangibles; en España, el treinta y cinco por ciento. Es mucho el treinta y cinco por ciento, y además con una buena noticia, y es que el último año se ha incrementado un dieciocho por ciento; o sea, venimos de muy atrás, pero cada vez, como es lógico, se les da más importancia a los activos intangibles. ¿Qué son los activos intangibles? Los activos intangibles son: reputación, marca, inversión en I+D, software, formación, organización,… ¿Y no es eso lo que hace competitivas a las compañías? ¿No es eso justo lo que marca la diferencia? Si comparamos una compañía y otra, ¿cuál es la diferencia? ¿Los inmuebles? ¿La maquinaria? No; la diferencia claramente es cómo las compañías operan. Teniendo los tangibles necesarios, lo que marca la diferencia son los intangibles. ¿Pero qué dificultad principal tenemos?, en primer lugar, el sistema financiero. El sistema financiero, con la norma que existe y que se va endureciendo en sentido contrario, pues los comités de riesgos no tienen posibilidad de asignar capacidad crediticia a los activos intangibles, en Europa, no; en Asia, sí. En Singapur, por ejemplo, ya aceptan patentes como colateral bancario. Si tú tienes que dar algo en garantía, lo lógico es que des lo que más vale de tu empresa, que pueden ser las patentes, no un edificio; te cambias de edificio; las patentes es lo que más vale. ¿Las patentes se aceptarían como colateral bancario en España? No es que no se quiera en Europa, es que no se puede con la normativa que hay. O sea, hay que avanzar, no solo en el cambio de cultura, también en el cambio de norma. En COTEC estamos intentando trabajar con los directores de riesgos de las principales instituciones financieras, con el Banco de España, pero realmente, el cambio se tiene que dar en Europa. 

Hay que abrazar el cambio para que las empresas sean más competitivas

Y he pasado rápidamente por estas tres transiciones porque realmente la que nos ocupa hoy, y que nos tiene, no que preocupar, porque tenemos tiempo, pero sí ocupar, para conducir, como decía, el tránsito del presente hacia el futuro, es el futuro del empleo. En COTEC intentamos, de alguna manera, con los medios que tenemos, intentamos anticipar el futuro; y lo que vemos es que no somos capaces de anticipar el futuro del empleo. ¿Por qué? Porque no hay una utopía clara. Si os fijáis en las anteriores transiciones hay incluso una distopía: ¿Nos imaginaríamos una vuelta a un mundo analógico?, no podríamos vivir; ¿nos imaginaríamos un mundo enfrentado al medioambiente?, tampoco; ¿nos imaginaríamos un mundo en el que el conocimiento, la formación, las personas no son tan relevantes?, no. La distopía funciona, el no querer volver al pasado, funciona. Sin embargo, cuando hablamos del futuro del empleo, como no conocemos cómo va a ser el modelo, es muy difícil preverlo; no es una utopía que funciona tan bien, por lo tanto, es algo a lo que creo que nos tenemos que dedicar. En COTEC es una de nuestras grandes prioridades. Y lo ha dicho muy claro el ministro, las cifras que está teniendo España en los últimos años son muy interesantes y muy sólidas, pero ¿las podemos proyectar a diez o veinte años vista? Éste es el reto. ¿Podemos proyectar lo que ha pasado en nuestro país en los últimos cinco años a los cinco, diez, quince años siguientes, con el mismo modelo? ¿Lo que venimos haciendo es lo que tenemos que seguir haciendo? Este es el gran reto que tenemos que contestar, y lo tenemos que contestar entre todos. ¿Cuál es el modelo de empleo que vamos a defender? ¿Pleno empleo? ¿Vamos a un modelo de pleno empleo? ¿Qué tendremos que hacer entonces, repartir el trabajo que haya entre todos y trabajar menos horas? ¿Tendremos que pensar en un modelo en el que haya personas que trabajen, las que quieran, y otras que no trabajen, con una renta básica? Lo que está claro es que el proceso de automatización, de robotización y de inteligencia artificial no es que vaya a cambiar, está cambiando en este momento la naturaleza del empleo. Y si queremos abrazar el cambio, porque tenemos que abrazar el cambio, porque si no, las empresas no serán competitivas, pues tenemos que hacer un gran esfuerzo en pensar cómo las personas podemos beneficiarnos de ese gran avance tecnológico, cómo abrazar el cambio, cómo sacarle beneficio, para que las empresas sean más competitivas. Y este debate está en este momento en una reflexión puramente académica. Os podéis imaginar que hay reflexiones de todo tipo, incluso con una carga ideológica detrás, sobre un modelo y el contrario, sobre quién va a pagar impuestos. ¿Los robots van a pagar impuestos? ¿Qué es un robot? Y una lavadora, ¿fue un robot en su momento? Y un lavavajillas, ¿no es un robot? ¿Qué es un robot? ¿Dónde se le pone el límite al robot? ¿Quién paga impuestos? ¿Cómo vamos a sostener el Estado de Bienestar? Es un debate apasionante, y en COTEC estamos absolutamente volcados en este debate, porque pensamos que es en el que tenemos que intentar construir entre todos nuestro propio modelo. 

Voy a compartir con vosotros algunas de las reflexiones en las que estamos trabajando en COTEC. Lo que está claro es que la paulatina robotización y la introducción de la inteligencia artificial está cambiando, ya, nuestro trabajo y desde luego, la naturaleza del empleo. El estudio que hemos hecho con Mckinsey dice que el cincuenta por ciento de las tareas que actualmente desempeñamos, con la tecnología que hay en este momento son susceptibles de automatizar. Digo el cincuenta por ciento de las tareas, no de los empleos, de las tareas, y además con sorpresas, no pensemos que esto va de profesiones manufactureras. Y esto es un cambio tan relevante en la naturaleza del empleo que tenemos que pensar cómo abrazar este cambio. La naturaleza humana no está preparada para abrazar los cambios, porque generan inquietud, y cuantos más años tenemos, más inquietud nos genera. Porque si viéramos una perspectiva profesional a cuarenta años vista, o a treinta años vista, no cabe duda que estás con otro entusiasmo, pero claro, cuando estás en los cuarenta y tantos, cincuenta años, por no decir sesenta, dices ¿y ahora qué hago yo con mi trabajo y cómo lo hago? Lo que quieres es que nada cambie para poder sostener tu puesto de trabajo. Y eso es algo que es inherente a la naturaleza humana, por lo tanto, el esfuerzo en formación es más relevante que nunca. Porque, de esto va a depender el tránsito y el éxito hacia un modelo social que no quiebre. Imaginaros cómo es el reto. Y muchísimas tareas – y ahora profundizaremos en algunas de ellas – muchísimas tareas, los robots y las máquinas no se prevé ningún escenario en el que puedan superarnos. 

Hemos hecho también alguna encuesta para ver cómo se ve esto dentro de la sociedad, porque si no parece que uno opina, opina, pero al final hacen falta datos. Y para los datos hemos hecho una encuesta con Sigma dos, un sondeo demoscópico de gran valor estadístico, con dos mil quinientas encuestas, y los datos son interesantes: el sesenta y siete por ciento de los españoles creen que muchos empleos actuales, pero no el suyo, este es el tema, serán desempeñados por robots o por máquinas de aquí a quince años. Sesenta y siete por ciento. Pero al mismo tiempo, el cincuenta y dos por ciento confía en que esos empleos serán compensados por otros empleos. Claro que va a haber otros empleos, que no nos podemos ni imaginar, y sí que uno puede apostar por la creación de esos nuevos empleos. Pero, el hecho de que uno piense que va a haber sustitución, pero qué hay de lo mío, no le va a afectar, esto es lo que tenemos que entender con un poquito de rigor. Curiosamente, los millenials son absolutamente conscientes de los efectos disruptivos del cambio, pero son optimistas, por lo que decía, es un tema generacional, ya sé que me va a afectar a mí, a los más preparados, a los más tecnológicos, a los que trabajan desarrollando algoritmos, los que trabajan programando; posiblemente el siguiente paso será que sea un algoritmo el que programe. O sea, que no por estar en programación uno no se va a ver afectado. Pero los millenials piensan que en esa nueva onda de trabajos ellos van a poder evolucionar. Y yo creo que esta parte, esta corriente un poquito más optimista de que hay que cambiar, que hay que abrazar el cambio, pero que va a haber opciones, es la que tenemos que intentar abrazar para influir en lo que va a ocurrir. 

Es indudable que los robots y los algoritmos nos van a superar en muchos sentidos, en muchos sectores y en muchos perfiles profesionales, y en esto coinciden muchísimas fuentes. Pero hay un componente humano, justo lo que nos hace personas, que es casi imposible de sustituir. No está pensado un robot, ni un algoritmo que llegue a tener inteligencia general. Precisamente, porque hemos llegado a una educación tan especialista, que lo que es muy especializado es target para los robots. Pero lo que es inteligencia general, lo que es emoción, lo que es empatía, claramente todo ese componente de empatía, de persona, es imposible, hoy por hoy, espero que nunca, ser sustituido por un robot. Y en toda esta maraña de datos y de previsiones hay un dato que ha pasado desapercibido, y es que dentro de los trabajos más susceptibles de ser automatizados están las tareas administrativas. Las tareas administrativas, como señala The Future of Jobs, del World Economic Forum, es una de las grandes conquistas de la incorporación de la mujer en el trabajo, o sea que precisamente va a haber un sesgo de género importante en todo el proceso de robotización y de automatización al que tendremos que estar muy atentos, porque realmente es uno de los nichos posiblemente de destrucción de empleo.

Aunque todavía, como decía, muchos pensamos que no nos va a tocar, y que se va a extender a otras tareas, el hecho de que se pueda sustituir por un robot o por un algoritmo no tiene que ver tanto con que sea repetitivo, como que sea predecible. Todo lo que sea predecible, todo, un algoritmo seguramente lo va a hacer mejor. Y por tanto, imaginaos lo que significa esto en términos de transformación de las profesiones, y ya os podéis imaginar muchas de las que desempeñamos o nos rodeamos de ellas. Un ejemplo que simboliza muy bien es la profesión, el ámbito sanitario; ya es una realidad, el pronóstico de las enfermedades lo hacen mejor los algoritmos, mucho mejor que un médico. Los años de formación de un médico para alcanzar esa capacidad de predecir y de pronosticar una enfermedad, pero, por mucho que estudie, no es capaz de interaccionar con todos los datos que existen en tiempo real. Simplemente, es un tema tecnológico y, por lo tanto, el médico desde su formación va a tener que estar muy preparado sobre cómo abrazar ese potencial que le da la tecnología para saber más del paciente; a nivel humano, a nivel de su entorno socioeconómico, su entorno familiar, su forma de ser, su actitud ante los tratamientos: eso es lo que va a dar mayor valor a la profesión del médico. Pero todo lo que venía haciendo posiblemente se va a transformar, y se va a transformar a pasos agigantados. Otro nivel de la profesión médica, el colectivo de enfermería, aquí sí que hay sesgo, pero a favor de las mujeres, porque evidentemente hay muchas más mujeres enfermeras que hombres enfermeros. La enfermería, contrariamente a los médicos, como tiene un componente mucho más humano, sus tareas son menos susceptibles de robotización que las de la profesión del médico. Por no decir los abogados, todo el ámbito de la jurisprudencia, todo esto ya ha avanzado muchísimo, pero cómo puede llegar a fallar un tribunal con una determinada casuística pues imaginaros quién lo va a poder predecir mejor. Tenemos ejemplos de todo tipo, y hay uno que me gusta porque me atañe en algo en lo que yo estoy, que es el capital riesgo. Cuando leí este ejemplo me quedé sorprendida: hay una empresa japonesa, una sociedad gestora de fondos de capital riesgo que utiliza un algoritmo que se llama Vital, y es un miembro de su comité de inversiones que hace un pronóstico de cómo puede ser esa inversión basado en todos los datos que puede obtener a través de todo lo que hay publicado con una inversión en concreto; y se está utilizando desde hace dos años, no fue una ocurrencia, sigue funcionando en esta entidad gestora. 

Es prioritaria la formación en competencias digitales

En todo caso hablamos de predicciones y de escenarios que cambian muy rápido, pero tenemos que entender las consecuencias profundas y el alcance de este escenario. La formación y la educación están llamadas a jugar un papel protagonista, y tenemos que aprender en el sistema educativo, desde niños hasta el final de nuestra vida profesional, tenemos que aprender el alcance de la inteligencia artificial, el alcance de los datos, del Bigdata. Tenemos que saber cuál es el alcance, y nos tienen que formar para poderlos utilizar. Por eso, se tiene que reinventar todo el sistema educativo; las universidades no deberían de  ser esa etapa en la que uno entra y sale y ya no va nunca más; las universidades tendrán que trabajar de una forma abierta, donde uno entra, sale, entra a formarse en los retos que le va poniendo por delante la sociedad. Un modelo educativo mucho más pensado en no formar especialistas, que es lo que hay ahora, la superespecialización; es un modelo educativo que ha tenido mucho éxito, mucho éxito para los mimbres que hemos tenido hasta ahora. Pero a los que vamos, la superespecialización no es la aproximación educativa más adecuada. Necesitamos desarrollar capacidades – da igual que seamos ingenieros o que seamos matemáticos – tenemos que desarrollar capacidades y habilidades que tengan que ver con la negociación, con la coordinación, con la empatía, con saber trabajar con otros, con los entornos colaborativos. Todo esto no nos lo enseñan en la universidad. Cada vez más en las empresas, pero todo esto hay que llevarlo al sistema educativo, desde el principio.

Si hay que hacer una prioridad de los retos educativos, nosotros en COTEC señalamos prioridades y hechos. El primero es la educación en digital. En este momento, el noventa por ciento de las oportunidades de empleo requieren habilidades digitales; ayer lo comentaba con mi hija que tiene veintiún años y me dijo: “¿Sólo el noventa?” Claro, a mí me parecía mucho, pero ella se sorprende que haya un diez por ciento que no requieran habilidades digitales. Entonces esto es un tema generacional; pero los que no son millennials lo tienen que entender, que sí, que en las ofertas de empleo es una condición para la empleabilidad. Lo del inglés ya lo hemos superado, ahora son habilidades digitales también. Por lo tanto, hacen falta estas habilidades digitales; ¿Qué dicen las empresas de esto? Un setenta y siete por ciento de las empresas nos dicen que un problema que tienen para competir y, por lo tanto, para sostener su cuenta de resultados en el medio plazo es la falta de competencias digitales de su plantilla. Esa es una realidad que tenemos que abordar: formación en competencias digitales como prioridad absoluta y urgente. Es muy urgente, porque la transformación va a una velocidad increíble. Y si hay que señalar dos prioridades dentro de las competencias digitales; Internet de las cosas y datos. Esas son las dos grandes prioridades. 

En segundo lugar, pensar que en la Sociedad 4.0 esas habilidades que tienen que ver con crear, tener empatía, tener flexibilidad, entretener; esos talentos, que a veces han estado incluso menospreciados, de las personas que cuidan, de las personas que nos entretienen, esos talentos hay que aflorarlos en esta sociedad; hay que aflorarlos, porque si hay dos cosas que predicen la tecnología es que vamos a vivir mucho más tiempo y vamos a tener mucho más tiempo de ocio. Por lo tanto, estas habilidades típicas de personas, el crear, el relacionarnos, el ser empáticos, el no tener un aislamiento, sino ser mucho más sociales es algo que tenemos que pensar que no solo es importante, tenemos que desarrollar, tenemos que entrenar cada día en nuestros trabajos.

El tercer ámbito que vemos es que al menos va a haber tres características que, si se dan de forma conjunta, los robots no son capaces, hoy por hoy, de sustituir, que son competencias técnicas, habilidades sociales y cierta destreza manual. Por ejemplo, los camareros es muy difícil que sean sustituidos por robots; los peluqueros, tampoco, nos daría un poquito de miedo que nos cortara el pelo un robot. Hay ciertas profesiones que en esta ola de automatización están más preservadas. Así que cuando nos preguntamos qué va a hacer falta, qué campos van a ser importantes en este tránsito, vemos estos tres: las preguntas las plantea la tecnología, pero las respuestas vienen de la economía, de la ética y de la política. Estamos acostumbrados a que con un aumento de productividad, hay un aumento de empleo, hay un aumento de consumo, y este es el ciclo que veníamos practicando; pero qué pasa en el momento en el que se desacopla el aumento de productividad y el aumento de empleo ¿Cómo va a producirse el ciclo del consumo? Estos interrogantes están aquí. Están en el ámbito más académico, pero tenemos que pensar cómo trabajamos, cómo conducimos este tránsito. 

Hay una anécdota, apócrifa pensamos, de hace muchísimos años, creo que esto fue en los años cincuenta, pero viene ahora al caso.  Estaba Henry Ford II con el líder del sindicato [UAW] Walter Reuther visitando una fábrica automatizada de Ford en Cleveland y le decía Henry Ford a Reuther: “¿y cómo vas a hacer para que los robots se afilien a tu sindicato?” Y le contestó él: “Pues me imagino que de la misma manera a cómo vas a hacer tú para que los robots te compren coches”. Y este es el reto, es el reto de todos; no pensemos que esto va a afectar a los empleados que trabajan en manufacturas, que es un tema de manufactura y de mano de obra, como se decía antes. No, vamos a pensar en el reto que tienen los dueños de los recursos productivos, que es: ¿Quién va a comprar, quién va a consumir los bienes de equipo, quién va a consumir los servicios, cómo se va a desarrollar esta sociedad? 

Para despedirme, una reflexión en la que estamos trabajando en COTEC, me encanta ahora que SEPI esté incorporada en este relato, porque de verdad tenemos que dedicarle mucho tiempo a debatir con serenidad y con rigor. En COTEC nos gusta un concepto que se llama la ventana de Oberton. Joseph Oberton lo que dice es que, en política lo que uno puede discutir porque es posiblemente lo que uno puede llegar a acordar es lo que es obvio, con unas iniciativas políticas que son obvias, las siguientes son las que son necesarias, y por lo tanto puede haber unos ciertos consensos, y luego hay otras que son innovadoras pero son posibles. Las que quedan fuera de esta ventana, simplemente el sistema político las elimina. El futuro del empleo no es fácil debatirlo en primera línea política. Os pongo un ejemplo: ¿qué hubiera pasado hace doscientos años si alguien hubiera hablado de abolir la esclavitud, o poner el descanso dominical? Le hubieran tachado de loco si a alguien se le hubiese ocurrido eso. Bueno, ni más ni menos que en este momento, ¿qué es debatir una sanidad universal y gratuita en los Estados Unidos? Es una tarea imposible; no es posible, porque la sociedad no está preparada; y están ahí al lado, y nosotros la tenemos. En COTEC vamos a intentar trabajar ensanchando un poquito la ventana de Oberton e incorporando a nuestros debates, por supuesto con los sindicatos, vamos a trabajar con los sindicatos, vamos a trabajar con todos los representantes, porque estos son los retos, y son los retos de todos, y tenemos que ser capaces de intentar conducir el futuro. Esa ambición es una ambición muy noble; imaginaros esa ambición en estas empresas que estáis aquí representadas, con todos los empleados que tenéis, y con esa vocación de servicio público que compartís entre todos; así que estoy encantada de invitaros al debate de COTEC, sabéis que es vuestra casa, siempre lo ha sido y ahora con mucho más énfasis desde la incorporación al Patronato, y ojalá seamos capaces de alcanzar este reto en el que nos jugamos mucho. Muchas gracias.   

Vídeo de la intervención